Hidalgo, Puebla y Baja California Sur, tres estados bajo el mando de gobernadores de Morena, son los peor evaluados por sus ciudadanos en cuanto al estado de calles y avenidas, de acuerdo con la más reciente encuesta de opinión pública difundida por el diario Excélsior.
El sondeo, aplicado en zonas urbanas a mayores de 18 años, revela que Hidalgo ocupa el sótano de la tabla nacional con apenas un 6.7 por ciento de satisfacción vial. Le siguen muy de cerca Baja California Sur, con un raquítico 3.8% (el dato más bajo en ese rubro específico), y Puebla, que apenas alcanza un 7.6% de aprobación. En contraste, Guanajuato —estado gobernado por el PAN— se alza como el líder en percepción positiva con un 30.8%, dejando en evidencia el abandono que padecen las entidades morenistas.

El indicador que más duele a la ciudadanía es la reparación de baches y coladeras. A nivel nacional, la insatisfacción es generalizada, pero en los estados de Morena el descontento estalla. En Hidalgo, apenas el 4.1 por ciento de los encuestados considera que el gobierno repara las vialidades de forma inmediata y eficaz, el peor registro del país. Baja California Sur y Puebla no se quedan atrás, con cifras igualmente reprobatorias que las colocan entre los últimos lugares.
Mientras los mandatarios Julio Menchaca (Hidalgo), Víctor Manuel Castro (BCS) y Alejandro Armenta (Puebla) se llenan la boca con discursos de “transformación” y “humanismo mexicano”, los habitantes de sus capitales —Pachuca, La Paz y la Angelópolis— enfrentan un viacrucis diario entre baches que dañan suspensiones, coladeras rebosadas y avenidas que parecen caminos rurales.

Especialistas en desarrollo urbano consultados por este medio señalan que el desastre vial no es casualidad, sino consecuencia de una planeación nula y la desviación de prioridades del gobierno federal. Mientras la administración de la Cuarta Transformación ha volcado miles de millones de pesos a megaproyectos como el Tren Maya, la refinería de Dos Bocas o la parafernalia de los llamados “superpesos”, los recursos para el mantenimiento de calles —que dependen en gran parte de las participaciones federales y el Ramo 33— han sido recortados o etiquetados con retrasos que paralizan a los municipios.
“Vivimos en entornos hostiles porque se privilegia el lucimiento de obras faraónicas en el sureste sobre la calidad de vida de las ciudades intermedias. Aquí no importa si tienes que romper una llanta cada semana, mientras las conferencias matutinas sigan presumiendo cifras maquilladas”, criticó un analista político local, que pidió guardar el anonimato.
En las calles de Pachuca, los ciudadanos no ocultan su molestia. Vecinos de colonias como La Raza o el Centro histórico denuncian que las promesas de campaña de Menchaca quedaron enterradas bajo capas de polvo y lodo.

“Pagamos tenencia y predial puntualmente, pero las avenidas parecen caminos de terracería después de cada lluvia. El gobernador sale en fotos con sus chalecos amarillos, pero los baches siguen ahí y las coladeras tapadas desbordan el agua sucia hacia nuestras casas”, expresó un afectado en entrevista.
En Puebla, la situación no es distinta. El recién llegado gobernador Armenta ya recibió una herencia envenenada en materia de infraestructura, pero hasta ahora su gabinete no ha presentado un plan emergente que vaya más allá de los parches de “bacheo superficial” que se deslavan con la primera tormenta.
Mientras tanto, Baja California Sur, a pesar de ser un polo turístico de clase mundial, exhibe una cara completamente distinta en sus calles internas. El contraste entre los resorts de lujo y las colonias populares con pavimento fracturado es un recordatorio de que el modelo de “austeridad republicana” ha significado, para los ciudadanos de a pie, simplemente un abandono total de la infraestructura más elemental.
El diagnóstico de la encuesta de Excélsior retrata sin filtros el fracaso de los gobiernos de Morena en la gestión de las necesidades más básicas de la ciudadanía. Hidalgo, Puebla y BCS no son solo números; son el reflejo de una administración que ha puesto sus reflectores en el sureste, mientras el centro y norte del país se deshacen en asfalto y olvido.
