
Ciudad de México.– Clara Brugada (Morena) presume cifras dignas de campaña: “Enero 2026, el mes más seguro desde 2015”. Afirma que los homicidios bajaron 19% frente a 2025 (61 casos, poco más de dos diarios), robo de auto violento desplomado 87%, y extorsión 41% menos. Sin embargo, la realidad la contradice: las desapariciones forzadas se disparan un 536% desde 2021, sumando 193 casos en 2026 (+27% respecto a 2025), de los cuales 70 ocurrieron solo en enero frente a los 11 de 2021.
Su teatro se empezó a caer desde la lamentable ejecución de sus colaboradores.

La jefa de Gobierno ha transformado la conferencia matutina capitalina en un escenario de maromas estadísticas. Cada lunes, desde el Antimonumento +Corrupción= +Impunidad de la CDMX, presenta cifras que parecen retocadas. Habla de 61 homicidios dolosos, menos de dos víctimas diarias. Robo de auto violento reducido 87%. Extorsión 41% menos que el año anterior. “La estrategia de inteligencia y policía de proximidad funciona”, repite con convicción de libreto aprendido.
Sin embargo, tras ese escaparate, la dimensión humana de la tragedia resulta invisible para sus gráficas. Las desapariciones forzadas —ese drama silencioso que arranca familias de raíz— están ausentes en sus discursos triunfalistas. En enero de 2026, 70 personas desaparecieron en la capital, frente a solo 11 en enero de 2021: un aumento del 536% durante cinco años de gobiernos morenistas. Hasta marzo de 2026, van 193 casos reportados, 27% más que en el mismo periodo de 2025. Son cifras contundentes que Brugada evita enfrentar.
El 2025 fue el año de la vergüenza absoluta: 3,107 personas desaparecidas en la Ciudad de México, el segundo peor registro histórico desde que se llevan estadísticas sistemáticas. De esos, el 73% sigue sin localizar: 2,296 almas evaporadas en el limbo burocrático. Iztapalapa lidera la macabra estadística con 694 casos. La capital que Brugada juró transformar se ha convertido en la capital mundial de las ausencias.
La prueba de fuego llegó con los primeros 100 días de Clara Brugada en el cargo. Prometió “cero impunidad, cero corrupción, cero inseguridad”. La realidad la contradijo sin piedad. El promedio diario de desapariciones saltó de 4.58 casos en 2024 a 6.3 casos bajo su gestión: un incremento del 37.5%. No es un tropiezo aislado. Es la tendencia. Es el fracaso estructural de una estrategia que prioriza las fotos por encima de las familias.
En noviembre de 2024, cuando asumió, la CDMX ya cerraba un año con un +95.9% de desapariciones respecto a 2023. Brugada heredó un monstruo, pero en lugar de combatirlo, lo alimentó. Las primeras semanas de 2026 muestran la misma sangría: jóvenes —principalmente entre 15 y 29 años— desaparecen en colonias populares. Calles que de día venden elotes y de noche tragan personas enteras.
La jefa de Gobierno argumenta “coordinación con la federación”. Sheinbaum, desde Palacio Nacional, habla de “inteligencia 4T”. Pero las madres buscadoras no ven helicópteros ni centros de mando: ven zanjas, tiraderos clandestinos, fosas que la autoridad ignora sistemáticamente. La CDMX ya supera al Estado de México como la entidad número uno en desapariciones. Brugada no solo falló en contenerlo, sino que lo empeoró.
Iztapalapa, bastión morenista, es el epicentro del horror. 694 desapariciones en 2025. Niños que salen a la escuela y no regresan. Mujeres que caminan del mercado a casa y se disuelven en la nada. Cuauhtémoc, la alcaldía que Alessandra podría recuperar, suma 435 casos. Gustavo A. Madero, con su mar de vivienda popular, pierde jóvenes por docenas.
Álvaro Obregón registra 19 en 2026. Tlalpan y Venustiano Carranza completan el rosario de la impunidad. En estas demarcaciones gobernadas por Morena, la policía de proximidad que presume Brugada se convierte en comparsa de la indiferencia. Reportes tardíos. Carpetas de investigación que no avanzan. Familias que terminan buscando solas, con pico y pala.
Mientras la CDMX de Brugada se desangra, Alessandra Rojo de la Vega en Cuauhtémoc y Santiago Tabe en Benito Juárez demuestran que se puede gobernar sin tragedias humanas. Estas alcaldías opositoras –modelo de seguridad efectiva– exhiben indicadores sólidos: menos reportes de desapariciones, mayor respuesta policial, confianza ciudadana restaurada.
Alessandra ha convertido a Cuauhtémoc en referente: patrullajes inteligentes, cercanía con los colonos, cero tolerancia a la opacidad. Tabe en BJ aplica la misma fórmula: tecnología al servicio de la gente, no de la estadística. Mientras Brugada presume desde el Antimonumento, estas líderes resuelven en la calle. Son la alternativa real rumbo a 2027.
Federico Döring (PAN) lanza la granada precisa: “+295% de mujeres desaparecidas en ocho meses en Brugada (1,221 casos)”. No son especulaciones. Son vidas. Son madres las que denuncian en redes: “Mi hija salió de casa el 15 de febrero. Brugada dice que estamos seguros”.
Luisa Gutiérrez destroza la narrativa oficial: “No son datos fríos. Son familias que Clara abandona sistemáticamente”. La oposición no pide reflectores. Exige autopsia de la estrategia fallida de Morena.
“Desapariciones son complejas”, balbucea la jefa de Gobierno. “Avanzamos con inteligencia y federación”. Traducción: el Registro Nacional de Personas Desaparecidas cuenta con “pendientes que se resuelven después”. ¿Dónde? ¿En qué morgue? ¿En qué fosa que la autoridad nunca cavó?
La réplica es demoledora: “¿Resueltos en la nada eterna?”. Las madres buscadoras —esas mujeres que Brugada ignora— saben la verdad. No hay “complejidades”. Hay negligencia. Hay priorización de la imagen sobre la investigación. Hay un gobierno que celebra 61 homicidios visibles mientras ignora 193 ausencias invisibles.
Cerrar 2025 con 3,107 desaparecidos no es un accidente. Es el fracaso acumulado de Morena en la capital durante tres años. Claudia Sheinbaum dejó el cargo con promesas incumplidas. Brugada las heredó y las empeoró. El 73% sin localizar (2,296 personas) no es estadística. Son abuelas que rezan, padres que venden todo para buscar, hermanos que duermen en la calle frente a ministerios insensibles.
Iztapalapa, con sus 694 casos, es el símbolo perfecto: la alcaldía más poblada, la más morenista, la más golpeada. Cuauhtémoc (435) esperaba un cambio con Alessandra al frente, pero Clara la heredó en caos. Gustavo A. Madero confirma la regla: donde manda Morena, desaparece la gente.
La capital destronó al Estado de México. Hoy lidera la tabla nacional de desapariciones. Mientras Brugada presume “el mes más seguro desde 2015”, el país arranca 2026 con más de 500 homicidios en dos semanas. Pero su CDMX no es víctima de vientos externos. Es productora de su propio terror silencioso.
La coordinación federal prometida por Sheinbaum se diluye en las oficinas. Los centros de búsqueda que anunció Clara duermen vacíos. Las tecnologías de inteligencia que presume terminan en fotos de Instagram, no en madres abrazando a sus hijos.
Ellas son el pulso real de la CDMX bruguista. Madres que dejaron empleos, maridos, dignidad. Que venden tamales para financiar picos. Que enfrentan ministerios con pancartas gastadas. “Clara, ¿dónde está mi hijo?” No hay respuesta. Solo mañaneras.
En 2026 arrancaron con más de 150 búsquedas activas en la capital. Cloacas de Iztapalapa. Tiraderos de GAM. Fosas en Álvaro Obregón. Encuentran huesos, ropa, mochilas. Nunca personas vivas. Nunca justicia.
El reloj aprieta. PAN y PRI capitalizan el desastre. Alessandra Rojo de la Vega y Santiago Tabe posicionan las alcaldías modelo: seguridad que funciona, confianza que regresa. Benito Juárez y Cuauhtémoc prueban que sin Morena, la gente vive sin miedo.
Morena se asfixia. Clara pierde credibilidad diaria. Las elecciones intermedias serán su referéndum: ¿61 homicidios contados o 193 familias destrozadas? La ciudadanía ya votó con los pies: buscando donde el gobierno mira para otro lado.
No se trata solo de porcentajes. Se trata de México roto en su capital. De jóvenes que sueñan con futuro y terminan en listas del Registro Nacional. De madres que cambian pañales por picos. De una jefa de Gobierno que prioriza los selfies por encima de las sentencias.
Brugada patina sobre sangre invisible. Sesenta y un homicidios visibles no tapan 193 vidas borradas. En su CDMX fallida, el verdadero desastre son las familias que lloran solas mientras ella posa con mentiras estadísticas.
La pregunta no es si caerá. Es cuánto tiempo más dejará que desaparezcan antes de hacerlo.
