abril 15, 2026
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Inversión europea llega gracias al mercado, no al gobierno

Inversión europea llega gracias al mercado, no al gobierno

A mexican market: resilencia del mercado mexicano

Este mes, del 10 al 12 de marzo de 2026, México recibió a una delegación empresarial europea encabezada por el Wallenberg Group, uno de los conglomerados más influyentes del viejo continente. La visita no fue una mera formalidad: fue un encuentro calculado y preciso, un ejercicio de pragmatismo económico por parte de los empresarios del norte de Europa. Los ejecutivos vinieron a México por oportunidades de mercado ya detectadas donde los consumidores y la producción sostienen la economía, pese a la violencia, los feminicidios, la corrupción y la improvisación política que entorpecen la gestión gubernamental e incluso la labor diplomática.

Más de cien altos ejecutivos de compañías como Volvo, Ericsson, Maersk, Nokia, AstraZeneca, Lego y ABB participaron en la misión. Estas corporaciones manejan cientos de miles de millones de dólares al año y operan en más de 180 países. Su interés no depende de la agenda gubernamental ni de la eficiencia de los funcionarios; su apuesta está centrada en un mercado activo y en la capacidad de los mexicanos para producir y consumir, la fuerza real detrás de la inversión. Además, también los países europeos involucrados cuentan con agencias especializadas como el sepultado ProMéxico, que con inteligencia comercial les dice en qué sectores es poner su dinero.

En la sala de juntas del Palacio Nacional, la luz que entraba por los ventanales antiguos parecía subrayar siglos de historia y decisiones que marcaron el destino económico del país. Los ejecutivos europeos no solo evaluaban la coyuntura presente; miraban un futuro donde la inversión fluye más allá de la política, guiada por la resiliencia del mercado y la actividad productiva.

El mercado por encima de la política

El capital global tiene sus propias reglas: se mueve hacia donde hay consumidores y fuerza laboral activa, no hacia discursos ni ceremonias políticas. Mientras los índices de violencia, feminicidios e impunidad crecen, los inversionistas europeos mantienen su confianza. Ni siquiera infamias como que Omar Fayad sea embajador en Noruega, no, eso no detiene la inversión a pesar de la indignación de millones de mexicanos; su desempeño puede contrastar con el de Alday en Suecia, quien sí es un activo para SRE, pero independientemente de eso, el capital sigue activo porque la economía mexicana creció un músculo propio para finales del siglo XX.

El capital extranjero actúa con pragmatismo: los discursos grandilocuentes no llenan contratos; lo que importa son los consumidores, la infraestructura y el talento humano. En México, estos factores permanecen sólidos, incluso frente a la política irregular. Las remezas juegan un papel en esta mezcla.

Sectores estratégicos: inversión con retorno concreto

Los europeos se concentraron en sectores con retorno tangible: energía, telecomunicaciones, biotecnología y agroindustria. Cada proyecto refleja la lógica de aprovechar la productividad y el consumo mexicano más que la eficiencia gubernamental.

El despliegue de redes 5G, la modernización de telecomunicaciones, la energía renovable y la biotecnología farmacéutica constituyen los focos de interés. Mientras algunos funcionarios se enfocan en ceremoniales, Alday se concentra en resultados. La diferencia es clara: un diplomático de carrera genera oportunidades, los improvisados generan ruido.

Alday: La excepción en la ecuación

En medio de improvisación y discursos vacíos de la 4T y su poco conocimiento sobre atracción de inversión, Alejandro Alday destaca por experiencia y resultados concretos. Al frente de la embajada de México en Suecia, combina décadas de diplomacia de carrera con un profundo conocimiento de la cultura y la mentalidad empresarial europea. Casado con una ciudadana sueca, Alday comprende matices que facilitan negociaciones y generan confianza, algo que los funcionarios improvisados de la administración actual difícilmente podrían replicar. Ha sido director del Instituto Matías Romero, la escuela de los diplomáticos de carrera.

Gracias a su gestión, reuniones que podrían prolongarse meses se concretan en días. Proyectos que podrían estancarse se transforman en contratos y compromisos firmes. Alday demuestra que la diplomacia profesional sigue siendo decisiva, incluso cuando la administración federal tropieza en la ejecución. Su enfoque combina sensibilidad cultural, paciencia estratégica y pragmatismo empresarial, algo que se refleja en acuerdos firmes y confianza europea sostenida.

Algo parecido no se veía desde los tiempos de Rozental, tal eficiencia y cercanía con la comunidad mexicana.

Fayad: embajador en Noruega, escándalos y la percepción internacional

Omar Fayad, como embajador en Noruega, representa un estilo diferente al de Alday. Su experiencia política en Hidalgo no se traduce automáticamente en resultados internacionales, y en Noruega su gestión ha mostrado limitaciones frente a las exigencias del mercado y la diplomacia corporativa europea. Además, la percepción de su manejo de recursos y proyectos ha sido ensombrecida por acusaciones de mala gestión y escándalos asociados a desfalcos multimillonarios durante su administración en Hidalgo, lo que genera un contraste incómodo frente a la seriedad que demanda el mercado europeo. Imagínese tan solo intentar a Omar Fayad hablar inglés, ya no se diga noruego.

Mientras los inversionistas buscan certezas y oportunidades concretas, Fayad se centra más en su grupo político en Hidalgo, encerrado en videollamadas con sus paisanos, llegando tarde a la Embajada, rompiendo protocolos y sin importar las apariencias. El contraste con Alday, que gestiona Suecia con disciplina y visión estratégica, es evidente: Alday genera confianza y acuerdos, Fayad suscita dudas y retrasos, y la sombra de sus controversias pasadas refuerza la percepción de que la política improvisada no puede sostener el ritmo del mercado. La lección es clara: la inversión depende de profesionalismo, transparencia y experiencia.

Antes, la entrada de capital dependía en gran medida de la imagen gubernamental; hoy, el capital europeo entra por el mercado, por los consumidores y la productividad real, independientemente de discursos políticos o gestos protocolares. Alday demuestra que la diplomacia profesional puede transformar el potencial económico en oportunidades tangibles, incluso frente a gobiernos con improvisación o funcionarios con historial polémico.

Contexto crítico: feminicidios, violencia e impunidad

México enfrenta retos estructurales: más de 6,400 feminicidios entre 2019 y 2026, con más del 90% sin resolver; miles de mujeres desaparecidas; violencia y pobreza que limitan oportunidades. Aun así, el capital europeo sigue confiando en el mercado mexicano, porque los consumidores y la fuerza laboral sostienen la economía.

El contraste es evidente: la tragedia social convive con la inversión extranjera. Los europeos invierten donde hay resultados tangibles, mientras la política debate gestos simbólicos que no transforman la economía.

ProMéxico y la herencia de la inversión

La situación económica bilateral con los nórdicos no había estado así desde que ProMéxico seguía en funcionamiento, esa agencia que durante más de una década fue el rostro institucional de atracción de inversión extranjera. ProMéxico consolidó la presencia de México en el mundo empresarial internacional, estableciendo redes de confianza y coordinando misiones estratégicas que hoy son referenciales. Cuando la 4T cerró ProMéxico por capricho, años de información comercial institucional fueron tirados a la basura, carteras de contacto demolidas y un Ebrard usando la cancillería como plataforma política personal.

Oportunidades que trascienden la crisis

México sigue siendo atractivo por ubicación estratégica, tamaño de mercado y talento humano. Empresas como Volvo, Ericsson, Nokia, Maersk, Lego, ABB y AstraZeneca continúan apostando por el país aun con violencia, feminicidios, corrupción y limitaciones administrativas.

El capital extranjero entiende que mientras existan consumidores activos y trabajadores productivos, habrá retorno de inversión. El contraste entre tragedia social y oportunidad económica evidencia que los inversionistas actúan sobre la realidad tangible, mientras la política debate lo simbólico.

Momentum histórico y aprendizaje para México

La relación comercial con Europa atraviesa un momento histórico, no visto desde ProMéxico. Los inversionistas mantienen confianza pese a corrupción y escándalos. Mientras los europeos calculan oportunidades, algunos embajadores improvisados y funcionarios pierden recursos en gestos vacíos. Fayad puede intentar moderar la percepción del país, pero el capital no depende de él. Alday, con profesionalismo y visión, asegura que México mantenga atractivo económico, demostrando cómo la diplomacia seria y el mercado sólido superan años de improvisación política.

La visita del Wallenberg Group confirma que la inversión extranjera responde al mercado y a la diplomacia profesional, más que a la política partidista. Pese a violencia, feminicidios y corrupción, México sigue ofreciendo oportunidades. El capital europeo siempre buscará al consumidor mexicano para generar ganancias, independientemente de crisis o limitaciones gubernamentales. La gestión de Alday evidencia que, incluso en contextos adversos, la diplomacia profesional puede transformar el potencial del país en inversiones tangibles y sostenibles, consolidando un momento histórico que no se veía desde la época de ProMéxico y mostrando que, para el mercado, la política es secundaria frente a la resiliencia económica de los mexicanos.

En el Porfiriato, México logró por primera vez estabilidad como país, forjando bases industriales que atrajeron capital con visión estratégica; esas raíces se afianzaron en el siglo XX con el PRI —que construyó todo—, madurando en las primeras décadas de este milenio hasta casi ser arrasadas por el torbellino populista de AMLO. Hoy el capital llega sin dudar porque el mercado mexicano vibra con fuerza propia, con consumidores que demandan sin parar, independientemente de que la política falle una y otra vez. No depende de gobiernos perfectos, sino de profesionalismo genuino y estructuras sólidas que impulsan el avance con resiliencia meritocrática, exigiendo responsabilidad para no derrumbarse. Esa es la herencia del PRI: la raíz viva que todavía nos sostiene.

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