
Carlos Muñiz no oculta su crítica hacia Omar Fayad, exgobernador de Hidalgo y actual embajador en Noruega, a quien señala por “traicionar al PRI” al pasarse a Morena.

Fayad no solo está marcado por un cambio de lealtades; su sexenio quedó empañado por la “Estafa Siniestra”, un entramado de corrupción que desvió millones de pesos a través de proyectos ficticios y que tiene a varios de sus excolaboradores en prisión. Entre estos están personajes clave de su gobierno, quienes enfrentan procesos penales por cargos graves, mientras Fayad permanece protegido por la inmunidad diplomática que le otorga su actual cargo, lo que ha provocado indignación y cuestionamientos sobre la justicia en México.

Desde su posición crítica, Muñiz denuncia el contexto de impunidad que rodea a Fayad y a su círculo de chapulines, donde personajes como “El Gato” Enciso, se sabe bien, siguen siendo parte de la red de complicidades que operó bajo el amparo del exgobernador. Para Muñiz, la transición de Fayad a Morena no fue un acto estratégico sino un acto de abandono de principios y consolidación de una corrupción y deslealtad al PRI.
Esta disputa entre Muñiz y Fayad revela no solo una batalla de egos sino un problema estructural: la descomposición ética y política de un sistema donde la corrupción prospera y la transparencia es aplazada.
En suma, lo que dice Carlos Muñiz acerca de Omar Fayad es una denuncia clara que va más allá de lo individual: es un llamado urgente para que la política mexicana deje atrás la impunidad, se haga justicia y recupere la dignidad perdida, frente a un escenario donde la corrupción y la traición parecen haber encontrado refugio seguro.
Esta es la cruda realidad que se vive en Hidalgo, entre acusaciones, traiciones y un desesperado reclamo de ética y responsabilidad política. Los más cercanos a Fayad están en la cárcel; eso todo mundo lo sabe.
