
Tras el anuncio de la “pausa” a su militancia, José Antonio Rojo García de Alba declaró a diestra y siniestra que buscará la gubernatura, no sin antes echarle flores a MC y revelar que ha estado en diálogo con la dirigencia del PRD.

Olvida que, de acuerdo con la Constitución del Estado, MC deberá llevar mujer como candidata y, en el caso del PRD, sus ancestros se revolcarían en la tumba al ver la falta de dignidad al buscar ser abanderado por el partido que recientemente perdió su registro nacional y está a punto de desaparecer en Hidalgo.
El pretexto de su tibia decisión frente al partido en el que ha militado toda su vida es que Alejandro Moreno, presidente nacional del tricolor, mantiene el control indefinido de la dirigencia.
Para quienes saben de política y de historia hidalguense, la declaración raya no solo en lo absurdo, sino que parece una burla al pueblo hidalguense que no olvida que, detrás del linaje que tanto presumen los Rojo García de Alba, hay una historia de cacicazgo y opresión.
¿Acaso el control que los Rojo mantuvieron por más de 60 años sobre Hidalgo sí era democracia? ¿Cómo se le llama a que dentro de una sola familia haya habido seis gobernadores? Alito Moreno se queda corto frente a la familia que sumió al estado en la pobreza más recalcitrante. Somos el único estado de la zona centro con ese nivel de pobreza, y es gracias al linaje de los Rojo.
De acuerdo con la retorcida mente de José Antonio, que haya un séptimo gobernador de la familia es democracia; que Alito tome el control del PRI, eso sí es antidemocrático. ¡Que alguien le avise que el tiempo en que el hacendado heredaba a sus hijos el pueblo oprimido ya acabó!
Casi nos hace llorar José Antonio cuando dice que el partido está cerrado para valores frescos como él, ya que la única oportunidad que le han dado a su familia es tener a seis gobernadores: Javier Rojo Gómez, José Lugo Guerrero, Bartolomé Vargas Lugo, Jorge Rojo Lugo, Adolfo Lugo Verduzco y Humberto Lugo Gil.
Ello sin contar que los dos hermanos Rojo García de Alba, a lo largo de su carrera política, se han ido aventando la bolita con jugosos cargos: ambos secretarios de Estado, ambos diputados locales, ambos diputados federales, ambos presidentes del PRI. ¡Que viva la democracia partidista!
