Hubo un tiempo en que el joven legislador chiapaneco presumía sus raíces campesinas, cenecista según él, sombrero incluido. Hoy, nos cuentan, el sombrero se quedó en algún clóset y lo que no se le cae es la marca: zapatos, trajes y accesorios que no se consiguen precisamente en el tianguis. Ahora Carlos Mancilla en su versión de Mirrey deja Chiapas de lado para concentrarse en los hoteles de lujo de la CDMX.
Se comenta en los pasillos que el diputado ha encontrado hogar en el St. Regis de Reforma, donde una noche puede costar lo que haría sonrojar a cualquier jornalero de la CNC. Y en redes circula una imagen que le atribuye un reloj IWC con un valor de más de 3 millones de pesos, lucido en plena sesión.
La pregunta cae por su propio peso: ¿alcanza la dieta de un diputado para tanto? ¿El reloj es suyo? ¿Lo compró, se lo regalaron o lo recibió prestado? Y, sobre todo, ¿lo reportó en su declaración patrimonial?

En el PRI, Mancilla recibe fuertes críticas. Priistas inconformes cuestionan que el legislador haya pasado tan rápido del discurso campesino a una imagen de lujo y privilegio. Algunos incluso aseguran que ya parece morenista y le aplican aquel refrán: “como nunca han tenido y llegan a tener, locos se quieren volver”.
Según sus críticos, Mancilla representa a esos políticos que, cuando llegan al poder, se marean con los privilegios y quieren enriquecerse como sea. La frase retrata el enojo dentro del partido ante un diputado que presume cercanía con las bases, pero proyecta una vida cada vez más distante de ellas.
Nadie le exige a un legislador vestir con pobreza. Pero cuando alguien construye su carrera presumiendo raíces campesinas, mientras exhibe lujos que están fuera del alcance de la mayoría de sus representados, el contraste deja de ser anecdótico y se convierte en un asunto político.
Porque si algo enseña la política es que el mareo llega rápido, sobre todo cuando se sube tan alto y tan joven. El sombrero de la CNC sirve para llegar; el reloj de millones, al parecer, para recordar que ya está en otra categoría.
Mientras tanto, en la Comisión de Juventud que preside, los dictámenes siguen esperando. Las iniciativas pueden aguardar, los jóvenes pueden aguardar y los pendientes legislativos también. El reloj, en cambio, no se detiene.
Será que los dictámenes no combinan con el reloj.
