
Sí: Dos Bocas se ha convertido en el emblema perfecto de la soberbia energética de Morena, porque se vendió como símbolo de “soberanía” y hoy sigue por debajo de su capacidad diseñada, mientras Pemex acumula incidentes operativos y el discurso oficial va por un lado y los números por otro.

La bronca no es solo el incendio de ahora. El fuego en Dos Bocas fue el segundo desde marzo; además, el complejo ya venía bajo escrutinio por fallas y por una operación por debajo de lo prometido. La propia cobertura especializada también señala que en noviembre de 2025 la refinería procesó 206.808 mil barriles diarios, muy lejos de los 340 mil barriles diarios de capacidad que Pemex había planteado y que operaba a 60,8% de su capacidad de procesamiento. Existen observaciones de que el equipo adquirido para esta refinería es usado, aunque se vendió como nuevo. Claro, la 4T tiene otros datos.
Lo de AMLO, de que “extraer petróleo no es ninguna ciencia”, resume bien el problema: redujeron una industria técnica y altamente compleja a puro voluntarismo político. Cuando conviertes una refinería en propaganda, los resultados suelen ser incendios, retrasos, sobrecostos y cifras maquilladas, en general: fraude y engaño a la población.
Morena convirtió Dos Bocas en un altar de campaña, pero el altar está lleno de humo. El proyecto fue presentado como prueba de “recuperar” el sector, aunque los datos reportados muestran que no ha alcanzado ni de cerca el desempeño prometido. La contradicción entre las declaraciones públicas y los datos operativos es precisamente lo que alimenta la desconfianza.
En noviembre de 2025, Dos Bocas procesó 206.808 mil barriles diarios de crudo y produjo 180.609 mil barriles diarios de productos petrolíferos, cifras inferiores a su capacidad planeada. Reuters también documentó que el incendio de abril de 2026 fue el segundo en menos de un mes, lo que refuerza la imagen de un activo que sigue lejos de la estabilidad operativa. Eso no es una anécdota: es una señal de fragilidad industrial e ineficiencia de las autoridades. De entrada, los morenistas se niegan a reconocer el derrame de petróleo en el golfo de México, lo que alimenta los daños ambientales por omisión y complicidad entre los fanáticos de la secta que es Morena.
AMLO vendió la idea de que el petróleo era casi un asunto de intuición política, no de ingeniería, planeación y disciplina operativa. Pero las refinerías, los ductos, el control de procesos y la seguridad industrial no perdonan el discurso improvisado. Ahí está el costo: cuando el gobierno confunde el discurso con la capacidad técnica, termina defendiendo una obra que no termina de arrancar.
Morena no construyó una solución energética; construyó un monumento a la improvisación. Dos Bocas no solo huele a combustóleo: huele a promesa incumplida, a dinero público mal gastado y a la vieja costumbre de presumir “soberanía” mientras la refinería no da el ancho.
Dos Bocas multiplicó su costo inicial de 8 mil millones de dólares por más de 17 mil millones, con 216 contratos directos sin licitación que olían a opacidad y favoritismos hacia empresas cercanas al poder, como las de Juan Carlos Tapia, por 78 millones de dólares. Pemex reportó penalizaciones, sobrecostos y falta de documentación en los avances, lo que confirma un barril sin fondo en el que el dinero desaparece sin rendir cuentas claras.
Pemex derramó miles de metros cúbicos de hidrocarburo en el derrame de Río Seco, cerca de Dos Bocas, en marzo de 2026. A pesar de haber desplegado 450 especialistas, las autoridades niegan su origen en la refinería y dicen que simplemente de la nada brotó petróleo del suelo, pese a evidencias de fallas en ductos y chapopoteras, dejando contaminadas las costas de Tabasco y Veracruz sin asumir responsabilidad plena.

